Tucupita, Delta Amacuro-. Fray Ramón Morillo, párroco de la iglesia San José del municipio Tucupita, llamó a vivir la fe como acompañamiento, consuelo y solidaridad con las familias afectadas por los terremotos registrados el pasado 24 de junio en Venezuela.
Los fuertes movimientos telúricos, que sacudieron la tranquilidad de varias regiones del país y dejaron una estela de incertidumbre, viviendas afectadas y el temor natural en la población, encontraron en la palabra del religioso un bálsamo frente a la angustia y las interpretaciones apresuradas.
Con el Evangelio del día como telón de fondo –la tormenta en el lago y Jesús durmiendo en la barca-, el padre Morillo fue contundente al desmontar aquellas posturas religiosas que atribuyen la tragedia a un castigo divino. «Por favor, eso no es Dios, por lo menos no es el Dios de Jesucristo. Puede ser un fetiche o un ídolo que pide víctimas, sangre, muerte, pero nuestro Dios es un Dios de vida», afirmó.
A su juicio, la fe no debe alimentar el miedo ni buscar culpables en medio de la emergencia, sino ayudar a encontrar calma y respuestas humanas.
Durante una entrevista transmitida por Oceánica 98.5 FM, el fraile subrayó que “en este momento es necesario el acompañamiento a la manera de Jesucristo, desde el consuelo al pueblo que sufre».
Ante la pregunta inevitable -«¿Dónde estaba Dios en este momento?»-, Morillo respondió con claridad: «Dios está en el silencio, está en los rostros y las manos de tantas personas que están trabajando como rescatistas, de tantas personas que están dando vida desde todas las instituciones».
Una esperanza activa y prolongada
El párroco distinguió entre dos tiempos de la solidaridad: el urgente y el importante. Reconoció la respuesta inmediata del pueblo de Tucupita, que en pocas horas logró reunir donaciones para las familias afectadas. «El viernes salió un camión de la Feria de Verduras El Potrillo. Quedaron asombrados de lo rápido que Tucupita se manifestó», relató. También mencionó envíos de la familia Ramoni y de Cáritas, facilitados por la empresa Zoom.
Sin embargo, advirtió que «esto no se va a solucionar en un mes» e hizo un llamado a mantener la ayuda en el tiempo. «Es mucha la gente sin casa, mucha la gente que lo perdió todo. ¿Cómo esta gente va a recuperarse? Estamos en una situación de precariedad, de sufrimiento, de dolor», reflexionó.
Solidaridad con calidad
El padre Morillo pidió que las donaciones se entreguen en óptimas condiciones y lamentó que, en ocasiones, la caridad termine afectando la dignidad de quien la recibe. Relató con franqueza que a la iglesia llegaron prendas inutilizables. «Aquí nos llegó ropa sucia y maloliente que tuvimos que botar. La solidaridad tiene que ser de calidad, si no, no sirve para nada», expresó.
Agregó que entregar artículos en mal estado, lejos de ayudar, termina vulnerando la dignidad de las personas que atraviesan el dolor.
Equipos interdisciplinarios y el valor de la juventud
Morillo planteó la necesidad de conformar equipos interdisciplinarios para acompañar a quienes enfrentan las secuelas emocionales de la tragedia. «Mucha gente llega con ese cuerpo cargado de trauma, con ese pensamiento, sintiendo como si se les estuviera moviendo toda la tierra», explicó.
En ese mismo orden de ideas, destacó la participación protagónica de los jóvenes en las labores de apoyo, demostrando la vocación de una generación comprometida.
«Impresionante en la parroquia la juventud franciscana, la juventud Amigos de Ana, la juventud misionera de los Hermanos de la Consolación. El joven venezolano tiene ese corazón disponible», valoró.
Consuelo y bendición final
A las familias afectadas las invitó a no perder la esperanza. Citando al psicólogo Viktor Frankl, afirmó que «cuando se pierde el sentido para vivir, se pierde todo».
«La gloria de Dios consiste en que sus hijos tengan vida», concluyó, antes de impartir la bendición final:
«Que el Señor los bendiga y los guarde, les muestre su rostro y tenga misericordia. Los mire con cariño y ternura y les conceda la salud y la paz».
