En medio de un debate económico polarizado, donde el fantasma de la inflación suele usarse como argumento para congelar los pagos, el economista Ermilio Díaz lanza una tesis contraria: el poder adquisitivo es el motor que reactivaría la producción. «Se puede vivir con inflación, pero con mejores ingresos», sentencia el experto, quien llama a una negociación tripartita seria y recuerda que la riqueza del país está en el suelo, pero su gestión está en el recurso humano.
Por Demys Martínez
Tucupita.- La discusión sobre el salario mínimo en Venezuela está en la palestra pública tras el reciente ajuste de los bonos, que pasaron de 120 a 150 dólares este mes de marzo. Mientras sectores tradicionales advierten que inyectar dinero en la economía dispararía los precios, una voz experimentada se levanta para matizar el temor. Ermilio Díaz, economista egresado de la Universidad de Carabobo y magíster en Gerencia de Recursos Humanos, sostiene que el estancamiento salarial es, paradójicamente, parte del problema y no la solución.
Estas declaraciones fueron vertidas durante una reciente intervención en la emisora Oceánica 98.5 FM, donde Díaz, quien también es profesor universitario jubilado y tutor de tesis de maestría, desgranó su análisis lejos de la coyuntura política y enfocado en la técnica económica. Su argumento central desafía la ortodoxia de muchos de sus colegas: si la población venezolana soportó años de hiperinflación con ingresos de miseria, con mayor razón puede soportar un escenario inflacionario si cuenta con capacidad de compra real.
«Una negociación es una estrategia donde cada equipo lleva unos objetivos», explicó Díaz. Para el economista, el error radica en la falta de una propuesta unificada del sector trabajador. «El más experto que sabe y conoce cuál es la realidad del ingreso familiar son los trabajadores, son los que van al mercado día a día… Entonces, deben tener una estipulación de cuánto debe ser el aumento salarial y hacer las asambleas de gremios para consensar una propuesta cónsona, seria y responsable», indicó.
La memoria histórica del salario
Para sustentar su postura, Díaz recurre a la cronología económica del país. Recordó que el primer salario mínimo obligatorio en Venezuela se decretó el 4 de junio de 1974, bajo el gobierno de Carlos Andrés Pérez, fijado en 15 bolívares diarios (450 mensuales), lo que para la época equivalía a 104 dólares. «Fue un salario para dar un piso al trabajador que, por menos de eso, ningún empleador podía pagar», señaló.
El experto trazó una línea de tiempo que muestra el deterioro progresivo: desde los 376 dólares de 1999 hasta los 120 dólares de 2006. Sin embargo, el punto crítico, según su análisis, es el periodo reciente. «En 2022 fue el último aumento de salario que hubo,130 bolívares para un monto en dólares de 7,48 dólares mensual, y de allí comenzó el deterioro. Los trabajadores pasaron por una pandemia, pasaron por la reconversión monetaria, pasaron por la hiperinflación», detalló.
Actualmente, con un dólar según el BCV rondando los 457 bolívares y un salario base que apenas alcanza los 130 bolívares mensuales sin los bonos, la brecha es insostenible. Díaz cita cifras de organizaciones como el CENDAS de la Federación Venezolana de Maestros, que ubican la canasta básica alimentaria en 677 dólares mensuales. «Lo que le estamos pidiendo al gobierno es que analice la situación y que considere un aumento del salario mínimo, como lo establece el artículo 91 de la Constitución», afirmó, apelando al marco legal vigente.
El mito de la inflación y la falta de producción
Uno de los puntos más álgidos de la conversación fue la relación causal entre salario e inflación. Díaz reconoce la teoría de que aumentos exorbitantes pueden empujar los precios, pero la confronta con la realidad venezolana de los últimos cuatro años.
«Nosotros tenemos cuatro años con aumentos de inflación, ya estamos frente a una hiperinflación y no ha habido aumento salarial. Entonces, ¿quién lo ha provocado? ¿Los salarios de los trabajadores? No. La estructuración y el mal manejo de las políticas estructurales económicas para hacer que la economía crezca y produzca», sentenció.
Para ilustrar la potencialidad de Venezuela, el economista utilizó una metáfora que suele compartir con sus alumnos. «Cuando Dios comenzó a crear el mundo… comenzó a repartir a cada país su poquito de riqueza. Cuando pasó por Venezuela, tropezó con el Salto Ángel y se le cayó la bolsa. Venezuela tiene de todo», dijo, refiriéndose a los recursos minerales, petroleros y agrícolas. «¿Qué es lo que pasa? La capacidad de gerencia. ¿Qué es lo que hace falta? La capacidad de recursos humanos».
Reactivar el consumo para bajar precios
La lógica de Díaz se basa en el ciclo de la oferta y la demanda. Argumenta que el consumo está paralizado y que, sin ventas, las empresas no producen. «Si estimulamos al trabajador, el trabajador va a producir más y esa productividad… va a generar una mayor producción de bienes y servicios. Si tenemos mañana o pasado una sobreoferta de bienes y servicios que satisfagan la demanda de los consumidores, entonces los precios vienen hacia abajo», explicó.
Para el especialista, el aumento salarial no es solo una medida social, sino una política de recursos humanos necesaria para estimular la productividad total. «El trabajador se dice contento de seguir produciendo y aumentar la productividad de la mano de obra», añadió.
La conclusión del economista es un llamado a la acción coordinada entre el gobierno, Fedecámaras y los trabajadores. Su mensaje es claro: la salida a la crisis no está en congelar los ingresos de quienes generan la riqueza, está en darles la capacidad para reactivar la rueda de la producción nacional.
