Por: Demys Martínez
Tucupita. El doctor Raúl Dimumbrún González conversó ampliamente en una entrevista radial desde Tucupita, sobre la importancia de la neurociencia y la necesidad de divulgar sus avances más allá de los espacios académicos. Insistió en que la sociedad debe comprender cómo funciona el cerebro y cómo influye en todas las áreas de la vida.
“Durante toda la historia el hombre ha querido conocer el cerebro. Hoy sabemos que tenemos un cerebro profundamente social, hecho para conversar y para relacionarnos. Esa es su característica más resaltante”, expresó. Recordó que como médico traumatólogo y especialista en columna y dolor crónico, considera que la neurociencia “no debe quedarse en revistas, congresos o laboratorios. Debe expandirse en las escuelas, liceos, universidades y hasta en plazas o reuniones comunitarias. Yo solamente soy un divulgador, alguien que transmite los avances que se están logrando para que lleguen a la gente”.

El especialista subrayó que todo lo que hace el ser humano –respirar, dormir, estar vigilante– lo realiza con el cerebro. En su campo, destacó el rol de la neuroplasticidad, es decir, la capacidad del cerebro para reconectarse. “En el dolor crónico, la neuroplasticidad positiva puede atenuar o anular el dolor. En cambio, la negativa lo profundiza, causando depresión, insomnio, impotencia y sufrimiento. Por eso es vital que los familiares y el entorno de los pacientes conozcan esto. Mi tarea es divulgarlo”, señaló.
Dimumbrún González aclaró que, aunque los avances son significativos, también existen límites. “No todas las enfermedades tienen explicaciones neurocientíficas y no todo lo que se dice es verdad. Hay muchos mitos, como el de que las neuronas no se regeneran o que solo usamos el 10% del cerebro. Hoy sabemos que con actividad física e intelectual las neuronas pueden reconectarse gracias a la plasticidad cerebral”, explicó.

El médico citó estudios que demuestran la diferencia entre personas activas y pasivas, donde el ejercicio físico favorece la reconexión de neuronas. “Caminar, trotar, leer, escuchar, socializar, todo eso ayuda a cuidar el cerebro. Se ha comprobado que el ejercicio mejora la creatividad y fomenta la paciencia y disciplina en el trabajo en equipo. Esto ocurre porque el sistema límbico, que regula emociones y decisiones, se activa más en quienes realizan actividades físicas e intelectuales”, agregó.
También resaltó que los retos intelectuales –como aprender algo nuevo, estudiar historia, filosofía o teología– enriquecen y activan positivamente el cerebro. “El cuerpo sano necesita de una mente sana. La pasión por lo que hacemos mantiene jóvenes a nuestras neuronas”, comentó.
La epigenética es el estudio de cómo factores ambientales, como la dieta, el estrés y la exposición a sustancias químicas, pueden activar o desactivar genes sin alterar la secuencia del ADN

En relación al sufrimiento, planteó preguntas clave: “¿Dónde está el límite entre el dolor y el sufrimiento? ¿Cuándo el sufrimiento interfiere en nuestras funciones sociales?”. Aseguró que la sociedad médica, así como áreas como la psiquiatría y la psicología, deben profundizar en la educación sobre estas funciones cerebrales.
Durante la entrevista compartió una experiencia personal: “En Buenos Aires cuidé a una anciana de 104 años. Allí empecé a estudiar el cerebro desde la infancia hasta esa edad, y comprendí cómo factores como la luz solar influyen en el comportamiento. Eso me llevó a acercarme aún más a la neurociencia y a la neuroplasticidad”.

Finalmente, el doctor Dimumbrún se refirió a temas actuales de debate en el área: “El coeficiente intelectual no mide totalmente la capacidad de una persona. No evalúa la creatividad ni la habilidad de socializar. Además, se ha demostrado que no existen diferencias macroscópicas entre el cerebro de un hombre y una mujer. Lo que sí sabemos es que mientras más mujeres participan en un equipo, mayor es la productividad y la creatividad. En una sociedad marcada por el machismo, este es un mensaje que debemos asimilar”.

Concluyó insistiendo en que la ciencia debe ser accesible a todos: “La neurociencia no puede quedarse encerrada en los laboratorios. La comunidad necesita entender lo que ocurre con su cerebro, porque es allí donde está lo que nos hace humanos: la capacidad de conectarnos y socializar”.
