Ronalxy Oropeza, dijo que ella y tres personas más, permanecieron 22 horas en el agua agarradas a un bidón plástico que estaba por la mitad con gasolina.
José Gregorio Ruiz
(Imagen y vídeo referencial)
Una de las sobrevivientes de un bote que se cree transportaba una veintena de personas cuando naufragó frente a Pedernales y aguas de Trinidad habló por primera vez este miércoles, recordando los momentos en que la embarcación se hundió y describiendo la angustia que sintió después de ver cómo las personas se esparcian en el agua en medio de la oscuridad pidiendo auxilio.
Oropeza oriunda del Estado Bolivar, de 26 años, madre de una niña que había dejado al cuidado de su familia viajaba en el bote junto con otras personas cuando naufragó la embarcación frente a Pedernales y Trinidad.
«Todo el tiempo estuve pensando en mi hija que había dejado con mi familia, orando a Dios..», dijo Ronalxy Oropeza al eldeltano.com.

Un Warao que iba en un bote junto con otros sobrevivientes que ya había rescatado en horas de la tarde del jueves 20 de febrero, nos vio aferrados al bidón plástico nos rescato y nos llevó hasta Capure donde nos brindaron los primeros auxilios.
Oropeza dijo que la embarcación tenía un solo motor y había salido de Tucupita con más de 20 personas entre niños, jóvenes, hombres y mujeres de diferentes partes del país, con destino a la isla de Trinidad, durante el trayecto, se les agotó el combustible y «pudimos llegar a la Comunidad de Capure, frente a Pedernales dónde hicimos transbordo a otro bote que tenía dos motores fuera de borda y que ya estaba cargado con varios tobos con queso, comida, cajas de licor entre otras cosas. En ese mismo bote se nos unieron otras personas que iban para Trinidad, no recuerdo cuántas fueron».
Oropeza y explicó: «todo iba muy bien pero una batería comenzó a fallar lo que provoco que uno de los motores del bote dejara de funcionar cuando el mar se puso embravecido con olas muy altas». Dijo que la embarcación comenzó a llenarse de agua y finalmente volcó, con unas 27 personas que iban a bordo todas aferrándose a lo primero que encontraron.
«A medida que pasaban las horas sentía que era el final y que todo terminaría», dijo Oropeza. «Fue mucho más difícil porque sentíamos mucha sed y nuestra salud ya comenzaba a deteriorarse y que gracias a qué un joven llevaba una crema dental fue que comenzamos a ponernos en la boca para crear saliva. Eso también nos ayudo porque habíamos tragado mucha agua salada».
El naufragio de esta embarcación intentando cruzar a Trinidad resalta de manera desgarradora la precariedad y los peligros que enfrentan los migrantes.
